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Viñedos centenarios, solo los tienen unos pocos elegidos


Bodegas José Pariente (Viñedos centenarios España 2025) - GastroMadrid (3)

El mundo del vino guarda secretos que solo unos pocos pueden custodiar. Entre ellos, destacan los viñedos centenarios, parcelas únicas donde las cepas, retorcidas por el tiempo y con raíces profundas, han sobrevivido generación tras generación para seguir dando fruto con un carácter irrepetible.


Son viñedos que hablan de paciencia y respeto por la tierra. Cada cosecha es menor en cantidad, pero mayor en riqueza, aportando a los vinos matices complejos, aromas profundos y una elegancia que solo el paso del tiempo sabe otorgar. Pasear entre ellos es contemplar la memoria viva del viñedo.


No todas las bodegas tienen la fortuna de contar con este legado. Viñedos centenarios, solo los tienen unos pocos elegidos, y su preservación es hoy un verdadero patrimonio cultural y enológico. Un tesoro que recuerda que la esencia de un gran vino siempre comienza en la viña.




Bodegas José Pariente

Entre los tesoros vitivinícolas de la D.O. Rueda, pocos pueden presumir de custodiar un viñedo centenario en plena producciónFinca Las Comas, plantada en 1910 en el municipio de La Seca, es uno de esos raros milagros que siguen regalando uvas con la fuerza del tiempo. Sobre suelo cascajoso y calizo, sus cepas en vaso —resistentes, retorcidas y profundamente arraigadas— conforman un viñedo de apenas 2,43 hectáreas que representa la esencia de Bodegas José Pariente.


El trabajo aquí es meticuloso y respetuoso. Cada vendimia se realiza de forma manual, en pequeñas cajas de 20 kilos, lo que permite una primera selección en el mismo campo. Este cuidado extremo garantiza que solo los mejores racimos lleguen a la bodega, donde se transforma en un vino de parcela capaz de expresar la pureza del Verdejo en toda su dimensión. La mineralidad del suelo, la amplitud térmica entre día y noche y la baja fertilidad de la tierra hacen que estas uvas tengan una concentración y una personalidad únicas.


Pero este viñedo no es solo un terreno excepcional: es también un símbolo de continuidad. Fue José Pariente, viticultor enamorado de la Verdejo, quien transmitió a su familia el amor por el campo y la paciencia de quien sabe que el viñedo se mide en generaciones. Tras él, su hija Victoria Pariente convirtió aquel legado en una bodega que hoy es referencia en Rueda. Y desde 2012, sus nietos Martina e Ignacio Prieto Pariente siguen defendiendo la importancia de preservar estos viñedos singulares mientras impulsan proyectos de innovación y sostenibilidad.


En Finca Las Comas, cada cepa centenaria es un testigo silencioso de más de un siglo de inviernos largos, veranos secos y tormentas repentinas. Cepas que, a pesar de su edad, continúan ofreciendo uvas con la frescura, acidez y complejidad que distinguen a los grandes Verdejos. El resultado son vinos de guarda insólitos, con una profundidad que trasciende la inmediatez y que hacen de esta parcela un verdadero patrimonio enológico.


Cuidar un viñedo centenario es custodiar una memoria viva. En el caso de Bodegas José Pariente, es también asegurar que el futuro del Verdejo se escriba con raíces profundas y respeto por la tierra.




Bodega Remigio Salas

Hablar de Bodega Remigio Salas es hablar de uno de los patrimonios vitivinícolas más valiosos de Castilla y León. Fundada en 1778 y aún hoy en manos de la familia, esta casa ha sabido mantener viva la tradición del vino a través de los siglos, custodiando un viñedo que pocos pueden igualar: cerca de 90 hectáreas con cepas de más de 70 años de edad media y parcelas centenarias que siguen dando fruto.


En estos viñedos, la vejez se traduce en excelencia. Las cepas, plantadas en vaso y profundamente arraigadas en suelos calizos del Cerrato y pedregosos del Pisuerga, resisten al clima castellano y regalan uvas de una calidad inimitable. Cada racimo refleja el paso del tiempo: menor producción, mayor concentración, complejidad y carácter. Garnacha, tempranillo, albillo y verdejo conforman un mosaico de variedades que, gracias a este viñedo histórico, se expresan con una elegancia difícil de encontrar en otro lugar.


La familia Salas ha defendido con tenacidad este legado frente a todas las adversidades. Ya en el siglo XIX, Pablo Salas Quevedo y su hijo Pedro respondieron a la filoxera exportando vino a Burdeos, ampliando la bodega con un lagar monumental en 1887. Más tarde, Remigio Salas y su esposa Pilar consolidaron la D.O. Cigales y preservaron los viñedos centenarios como la verdadera joya de la casa. Hoy, su hija Amada continúa el camino, modernizando la bodega pero siempre con el viñedo como piedra angular.


La experiencia enoturística en Dueñas no solo ofrece un recorrido por túneles subterráneos, cavas de barricas y un dormitorio histórico de botellas: permite comprender cómo la paciencia de generaciones enteras ha convertido al viñedo en la verdadera alma de la bodega. La colección Las Luceras, elaborada exclusivamente con uva propia, es la mejor muestra de ello. Vinos que reflejan la mineralidad del suelo, la profundidad de las cepas viejas y la autenticidad de un legado único.


En un mundo donde los viñedos jóvenes dominan la producción, Bodega Remigio Salas se distingue como una de esas pocas elegidas que pueden presumir de custodiar un viñedo centenario. Un tesoro vivo que no solo produce vino, sino que cuenta una historia de resistencia, pasión y amor por la tierra.




Berta Valgañón

No todas las bodegas pueden presumir de tener viñedos centenarios, y mucho menos de darles el protagonismo que merecen. En pleno corazón de la Rioja Alta, a los pies de los montes Obarenes, nace el proyecto de Berta Valgañón, una enóloga que decidió transformar el sueño familiar en una realidad reconocida por la calidad, el respeto a la tierra y la artesanía.


La historia se remonta a varias generaciones de viticultores, incluso antes de su padre Alfredo. Fueron ellos quienes plantaron las cepas que hoy, con más de 100 años, siguen siendo el corazón de la bodega. Estos viñedos singulares, repartidos por Villaseca, Fonzaleche, Cellorigo y Cuzcurrita de Río Tirón, han sobrevivido al paso del tiempo gracias al cuidado constante y a la pasión transmitida de padres a hijos.


La filosofía de Berta es clara: un gran vino siempre parte de un gran viñedo. Y sus cepas centenarias lo demuestran. Cada una, con su forma única esculpida por los años, aporta matices diferentes que convierten cada vino en una pieza irrepetible. La biodiversidad que se conserva en estos viñedos es otro de sus grandes valores, gracias a una viticultura ecológica y regenerativa que garantiza su futuro.


El lugar de elaboración no es menos singular: una bodega del siglo XVI situada bajo el monte El Bolo, en Cuzcurrita de Río Tirón. Allí, un profundo calado excavado en la montaña conserva los vinos en unas condiciones naturales únicas. El espacio combina tradición y modernidad en perfecta armonía, un reflejo de la esencia de la propia bodega.


Quien recorre sus viñedos queda sorprendido por las formas caprichosas de las cepas centenarias y por el entorno privilegiado que las rodea. La experiencia se completa en la bodega, donde los vinos de la colección Pretium son la mejor carta de presentación: elaboraciones artesanales, llenas de matices, que expresan la autenticidad de la Rioja Alta.


Berta Valgañón ha sabido dar continuidad a un legado centenario, convirtiendo viñas históricas en vinos modernos y elegantes. Unos vinos que solo unos pocos elegidos pueden elaborar, porque solo unos pocos cuentan con la fortuna de custodiar un viñedo centenario.





Bodegas Horola

Hay cepas que parecen esculturas vivas. Retorcidas por el paso del tiempo, hunden sus raíces en la tierra durante más de un siglo y aún siguen regalando uvas de una calidad extraordinaria. En Baños de Río Tobía, en pleno valle del Najerilla, esas cepas son el mayor tesoro de Bodegas Horola, una bodega familiar que ha hecho de su viñedo centenario el corazón de su historia y de sus vinos.


De estas viñas ancestrales nace el Viñedo Centenario, un vino que resume la esencia de la tierra riojana. Sus raíces, capaces de alcanzar hasta ocho metros de profundidad, extraen nutrientes y minerales que aportan riqueza aromática y una complejidad insólita. Cada vendimia, realizada a mano, es un ejercicio de respeto por un legado que no entiende de modas ni de prisas.


La historia de Horola comienza con el abuelo Carmelo, que en los años 80 cultivaba con esmero sus viñas en Alesón. Hoy, sus nietos Syam y Adrián dirigen la bodega con la misma pasión, pero incorporando técnicas modernas que potencian lo mejor de cada parcela. La fermentación en barricas de roble de 500 litros, con giros diarios, y el reposo sobre lías finas durante tres meses confieren al vino profundidad, textura y elegancia.


En Bodegas Horola, tradición y modernidad conviven con naturalidad. La filosofía familiar se refleja en cada detalle: el cuidado artesanal del viñedo, el respeto por el entorno y la búsqueda constante de la excelencia. El resultado son vinos capaces de emocionar, porque cuentan una historia que va mucho más allá de la copa.


La visita a la bodega es una experiencia completa: pasear entre cepas centenarias que guardan los secretos del tiempo, conocer de cerca el proceso de vinificación artesanal y culminar con la degustación de vinos que destilan autenticidad.


En un mundo donde los viñedos jóvenes predominan, Bodegas Horola se alza como una de esas pocas elegidas que pueden presumir de cepas centenarias. Un legado vivo que convierte cada sorbo en un viaje a través de generaciones de trabajo, paciencia y pasión por el vino.




Pincerna

Hay viñedos que son mucho más que tierra y cepas. Son memoria, herencia y raíces que han sobrevivido al paso del tiempo. Así son los viñedos centenarios de Bodegas Pincerna, un proyecto joven nacido en 2013 que se asienta sobre la tradición de la histórica bodega Villacezán y que ha sabido recuperar cepas con más de un siglo de vida para transformarlas en vinos únicos.


En el corazón de León, la sede de Pincerna se encuentra en Grajal de Campos, un conjunto histórico declarado Bien de Interés Cultural. Allí, entre el imponente castillo artillero del siglo XVI y el Palacio de los Vega, la bodega convive con siglos de historia y tradición, un entorno perfecto para entender que sus vinos nacen de la unión entre patrimonio y tierra.


El verdadero tesoro de la casa son tres viñedos centenarios que definen su carácter. En Villacalbiel, la variedad Prieto Picudo hunde sus raíces en suelos pobres y ácidos, produciendo vinos estructurados y vibrantes. En Calzada del Coto, la Mencía, cultivada a 820 metros de altitud, da lugar a tintos frescos, aromáticos y con una redondez excepcional. Y en Mayorga, un viñedo de 115 años de Tempranillo regala vinos de aromas profundos, complejos y con una personalidad difícil de encontrar en otra parte.


La filosofía de Pincerna es clara: el vino se hace en la viña. Y con cepas de 100 años, el trabajo es respetuoso, sin herbicidas ni tratamientos químicos. Vendimia manual, mínima intervención y una búsqueda constante de transmitir lo que la tierra da son los pilares de su identidad.


En cada botella, la bodega logra un equilibrio entre tradición y modernidad. Sus vinos son atrevidos, auténticos y con un profundo respeto por el origen. Beber un Pincerna es probar la historia de León, sentir la fuerza de sus suelos y la paciencia de generaciones de viticultores.


Bodegas Pincerna demuestra que solo unos pocos elegidos pueden custodiar un viñedo centenario, y que en cada copa de sus vinos late el legado de la tierra leonesa.


 
 
 

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