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Torelló Viticultors: el gesto silencioso de una casa abierta


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Hay territorios que responden antes de que se formulen las preguntas. La noche del descarrilamiento de un tren de la línea R4, a la altura de Gelida, situó a una masía del Penedès en un lugar inesperado del relato informativo. No por su actividad vitivinícola ni por voluntad de protagonismo, sino por pura cercanía y arraigo. Torelló Viticultors, con su finca y su casa familiar, se convirtió durante unas horas en espacio de acogida para decenas de personas afectadas. Un gesto discreto, casi natural, que habla del vínculo entre tierra, comunidad y responsabilidad compartida.


La finca Can Martí, donde se asienta Torelló Viticultors, ocupa desde hace siglos un enclave singular entre Gelida y Subirats. Viñedos, caminos agrícolas y edificaciones históricas conviven con grandes infraestructuras de paso, como la vía ferroviaria y la AP-7. Esa convivencia, habitual en buena parte del Penedès, explica por qué un suceso externo puede atravesar de golpe un paisaje aparentemente ajeno a la urgencia.


La noche del accidente, la respuesta no fue estratégica ni planificada. Fue inmediata. La casa se abrió para permitir que los equipos de emergencia pudieran trabajar con rapidez y orden, protegidos de la lluvia y con espacio suficiente para organizar la atención. Las estancias domésticas se adaptaron en minutos, dejando que la masía funcionara como un punto de apoyo clave para el Sistema d’Emergències Mèdiques, los Bombers de la Generalitat y los Mossos d’Esquadra.



La aportación de la familia fue sencilla y esencial: facilitar espacio, retirar muebles, ofrecer agua, café y abrigo, y permitir que la casa se convirtiera en un lugar funcional y sereno. En ese gesto, aparentemente menor, se sostuvo una parte importante del engranaje de atención. El protagonismo no estuvo en la acción individual, sino en la cesión del lugar y la confianza absoluta en el trabajo de los servicios públicos.


Desde una mirada territorial, el episodio pone de relieve el papel que todavía juegan las fincas agrícolas como infraestructura informal. El acceso a través de los caminos de la propiedad permitió una evacuación más ágil de las personas afectadas, algo que en otros tramos de la línea, más encajonados entre taludes y túneles, habría resultado mucho más complejo. El paisaje vitícola, acostumbrado a acompañar procesos largos y silenciosos, respondió con eficacia cuando fue necesario.


Para una bodega con más de seis siglos de historia familiar y varias generaciones dedicadas al cultivo de la vid, la noche no tuvo relación directa con el vino, pero sí con los valores que lo rodean: cuidado del entorno, responsabilidad con lo próximo y una forma de estar en el territorio que no se mide en cifras ni en titulares.


Cuando la actividad volvió poco a poco a la normalidad, los viñedos permanecían inmóviles frente a una escena excepcional. El suceso dejó preguntas técnicas y una pérdida humana irreparable, pero también una certeza: en determinados momentos, el territorio sostiene. Torelló Viticultors no buscó estar en el centro del relato, pero respondió como lo hacen las casas con raíces profundas: abriendo puertas y dejando que el silencio, el orden y la colaboración hicieran su trabajo.

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