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Quesería Los Altos de Moya: tradición quesera en el norte de Gran Canaria


Quesería Los Altos de Moya Gran Canaria 2026 (Producto) - GastroMadrid (1)

En el norte de Gran Canaria, lejos de la imagen más repetida del archipiélago, se encuentra Quesería Los Altos de Moya, uno de esos lugares donde la gastronomía deja de ser tendencia para convertirse en identidad pura. Aquí, entre barrancos verdes, niebla atlántica y silencio, el queso no es solo un producto: es una forma de vida.


Ubicada en el entorno rural de Moya, esta quesería familiar representa con honestidad el alma de la Denominación de Origen Protegida Flor de Guía y Media Flor de Guía. Al frente está Juan Félix Medina Moreno, quien ha tomado el relevo generacional manteniendo intacta una tradición profundamente ligada al pastoreo, la trashumancia y el respeto absoluto por el territorio.


Hablar de Los Altos de Moya es hablar, sobre todo, de sus quesos.



Elaborados con leche cruda de oveja canaria, y en algunos casos combinada con leche de vaca autóctona, cada pieza es el resultado de un equilibrio delicado entre técnica, entorno y tiempo. Aquí no hay prisas ni atajos. Solo procesos cuidados y una materia prima que refleja fielmente el paisaje del que procede.


Dentro de su producción destacan dos grandes referencias que forman parte de uno de los dúos queseros más singulares de España: el Media Flor de Guía y el Flor de Guía. Este último, especialmente, ocupa un lugar único por el uso de cuajo vegetal, que aporta una personalidad inconfundible: notas herbáceas, ligeros matices amargos y una textura que evoluciona con elegancia en boca.


El Media Flor de Guía, más equilibrado, ofrece un perfil armónico entre tradición e intensidad, y una conexión directa con la memoria rural de la isla. Dos maneras distintas de expresar un mismo territorio.


Pero lo que realmente marca la diferencia en Los Altos de Moya es el origen de esa leche.


La quesería cuenta con ganado propio —ovejas y vacas canarias— que se alimenta de los pastos naturales del norte de la isla. A lo largo del año, practican trashumancia, desplazando los animales por distintas zonas como Gáldar o las áreas de cumbre cercanas a Cruz de Tejeda, en busca de los mejores recursos en cada estación.



Este movimiento constante no solo garantiza la calidad de la alimentación del ganado, sino que imprime carácter y complejidad al queso. Porque cada cambio de pasto, cada variación climática, cada etapa del recorrido se traduce en matices únicos en el producto final.


Por eso, cuando se prueba uno de sus quesos, no se está degustando únicamente una elaboración artesanal. Se está saboreando paisaje.


Se está entendiendo una forma de vivir.


La labor de Proquenor ha sido clave para poner en valor proyectos como este, conectando al consumidor con el origen sin perder autenticidad. Gracias a este impulso, queserías como Los Altos de Moya encuentran su lugar en el relato gastronómico contemporáneo sin renunciar a lo esencial.



Sus quesos pueden adquirirse directamente en la propia quesería, a través de afinadores especializados o en espacios como La Casa del Queso de Montaña Alta. Pero más allá del canal de compra, lo importante es lo que representan.


En un momento en el que el mercado tiende a la estandarización, Los Altos de Moya defiende lo contrario: singularidad, territorio y memoria. Cada pieza es irrepetible porque depende de factores que no se pueden industrializar: el clima, el pasto, el cuidado diario y el conocimiento heredado durante generaciones.


Por eso, más que recomendar una visita, este es un recordatorio. El de que existen lugares donde la excelencia no se construye, se hereda.


Y donde el queso, lejos de ser solo un alimento, se convierte en una de las formas más puras de contar la historia de una tierra.


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