Gianni Pinto y Jordi Cruz celebran el Día Internacional de la Comida Italiana con una pasta a cuatro manos
- Irene S.
- 13 ene
- 2 Min. de lectura

La cocina italiana acaba de sumar un nuevo hito a su larga historia: su reconocimiento como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO. Un reconocimiento que va mucho más allá de la receta para situar a esta gastronomía como un verdadero lenguaje universal, una expresión de identidad colectiva que se transmite de generación en generación. En este contexto, el 17 de enero, Día Internacional de la Comida Italiana, se convierte en una fecha señalada para celebrar en la mesa el valor cultural, social y emocional de la cocina italiana.
Para conmemorar esta jornada tan especial, Pasta Garofalo ha reunido a dos grandes nombres de la alta gastronomía: Gianni Pinto, alma del Restaurante Noi (un Sol Repsol), y Jordi Cruz, al frente de ABaC, distinguido con tres estrellas Michelin. Juntos han cocinado una pasta “a cuatro manos” que habla de origen, memoria y mestizaje culinario, con la tradición como punto de partida y la emoción como hilo conductor.
La pasta, eje central de la cocina italiana, es también el corazón de esta creación. El punto de partida es una receta profundamente ligada a la historia personal de Gianni Pinto: unos Fusilloni Garofalo con polpette al sugo, un plato de casa, de domingos familiares, de cocina heredada. A partir de esa base, Jordi Cruz aporta algunos de los sabores más reconocibles de su propio universo gastronómico, incorporando ingredientes tan identitarios como la butifarra fresca y el queso de oveja curado catalán.
El resultado es un plato que dialoga con naturalidad entre Italia y España. Los fusilloni, con su forma generosa, atrapan la salsa y convierten cada bocado en una experiencia intensa y envolvente. La butifarra suma carácter, mientras que el queso de oveja aporta profundidad y una textura sedosa que redondea el conjunto. No se trata de fusionar por fusionar, sino de reinterpretar la tradición desde el respeto al producto y a la memoria.
Esta colaboración pone en valor el papel de la pasta como patrimonio vivo. Presente en hogares, celebraciones y rituales cotidianos, la pasta es mucho más que un alimento: es cultura, territorio y transmisión de saberes. Con iniciativas como esta, Garofalo refuerza su compromiso con la autenticidad y la excelencia, demostrando que la tradición no está reñida con la creatividad, y que la cocina, cuando se entiende como un acto de identidad, tiene la capacidad de unir culturas alrededor de un plato.






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