España-Arabia Saudita: soltad el jamón, que empieza la goleada
- Irene S.
- hace 30 minutos
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El Estadio de Atlanta está hasta arriba. España y Arabia Saudita disputan el 21 de junio la segunda jornada del Grupo H del Mundial de fútbol 2026. Suenan los himnos y aparecen las alineaciones. Ellos traen arroz, trigo, especias y una cultura de la hospitalidad que merece respeto. Nosotros hemos traído jamón ibérico. Partido complicado, lo que se dice complicado, no parece.
Rueda el balón y el jamón sale desatado. Corte fino, grasa infiltrada y años de curación: un veterano que juega andando, pero siempre sabe dónde colocarse. Arabia Saudita intenta frenarlo con sus dátiles, producto nacional ligado a la bienvenida y las celebraciones. Los ajwa, sukari y khalas aportan dulzor y energía, aunque cometen el error de dejar pensar al rival.
El jamón controla y marca al primer bocado. España 1-Arabia Saudita 0. El banquillo saudí pide un control antidopaje. El resultado solo encuentra restos de bellota.
La kabsa trata de poner orden. Arroz, pollo o cordero, verduras, cardamomo, canela, clavo y lima seca forman un equipo aromático, potente y acostumbrado a jugar en fuentes grandes. Pero delante aparece nuestra paella valenciana con arroz, pollo, conejo, garrofó, judía verde, tomate y azafrán.
La kabsa presiona; la paella ni se inmuta. Espera, reduce el caldo y conecta un socarrat por la escuadra. El VAR revisa la elaboración: no hay chorizo, guisantes ni delitos contra Valencia. Gol legal. Minuto 18: 2-0.
Arabia Saudita mueve ficha con el jareesh, su plato nacional desde 2023. El trigo partido se cocina lentamente hasta quedar espeso y cremoso; según la región puede incorporar leche, yogur, tomate, ghee o carne. Es un jugador serio, de los que no pierden la posición.
Entonces entra el cocido madrileño y se acaba la seriedad. Primero ataca la sopa, después llegan los garbanzos y las verduras y, por último, irrumpen las carnes y los embutidos. El jareesh protesta porque España está jugando con catorce. El árbitro cuenta los tres vuelcos, se encoge de hombros y manda continuar.
Centro desde la cazuela, cabezazo del garbanzo y España 3-Arabia Saudita 0. Es el minuto 36 y alguien en la grada ya se está desabrochando el botón del pantalón.
Tras el descanso, Arabia Saudita saca el mandi. Su preparación tradicional utiliza un hoyo u horno profundo calentado con brasas, donde la carne y el arroz se cocinan con el recipiente cerrado para conservar el calor y los jugos. Hay humo, espectáculo y aroma de remontada.
España responde con el cordero asado castellano. Cazuela de barro, horno, paciencia y cero tonterías. El mandi intenta montar una cortina de humo, pero nuestro cordero aparece tierno por dentro, dorado por fuera y con ganas de hacer sangre —gastronómicamente hablando—. Minuto 64: 4-0. Arabia Saudita necesita cuatro goles; nosotros, otra cesta de pan.
El maqshush saudí sale para buscar el tanto del honor. Pequeñas piezas de masa de trigo acompañadas de ghee, miel, azúcar o melaza de dátiles: un postre nacional con argumentos. España replica con torrijas madrileñas, empapadas en leche aromatizada, pasadas por huevo, fritas y rematadas con canela y azúcar.
El maqshush deja un regate precioso. La torrija absorbe la presión, el marcaje y probablemente medio litro de leche. Disparo bañado en almíbar. Minuto 89: 5-0.
Final del partido. La gastronomía de Arabia Saudita ha enseñado tradición, diversidad regional y bastante más resistencia de la que refleja el marcador. Pero nuestra gastronomía española estaba intratable. Cinco goles, jamón ibérico como mejor jugador y goleada sin sacar a la tortilla de patatas. Tampoco era cuestión de humillar.
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