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Escapadas enológicas de fin de semana para empezar el año


Bodegas Pandora (Escapadas enológicas arrancar el 2026) - GastroMadrid (3)

© Bodegas Pandora


Comenzar el año con una escapada enológica de fin de semana es regalarse un tiempo de conexión con la naturaleza, la historia y el placer de los sentidos. Después de las prisas y los rituales de las fiestas, proponemos una pausa que siente bien al cuerpo y al espíritu: visitar regiones vinícolas, pasear entre viñedos dormidos o despertando con la primera luz del año, y descubrir vinos que cuentan historias de suelo, clima y tradición. Estas experiencias no son solo viajes, son pequeñas aventuras que dejan huella y que enriquecen el paladar y la memoria.


El enoturismo ha evolucionado mucho más allá de la simple cata en una bodega. Hoy se trata de vivir cada fase del vino, desde el viñedo hasta la copa, con propuestas que combinan visitas guiadas, encuentros con enólogos, maridajes de productos locales y, en muchos casos, experiencias gastronómicas que completan el relato sensorial. Es una forma de viajar que armoniza la cultura del vino con el paisaje, la gastronomía y la historia de cada lugar, ideal para quienes buscan escapadas con alma.


En estas escapadas de fin de semana para empezar el año, el protagonista es el vino, la viña y el momento de disfrute. Esas experiencias que transforman un viaje en un recuerdo imborrable y que invitan a brindar por lo que está por venir. Descubre propuestas para comenzar el año con bodegas, terroirs y paisajes que merecen ser explorados.




Bodegas Protos

Comenzar el año con una escapada enológica es una excelente forma de reconectar con el territorio, el vino y la gastronomía. En el corazón de la Ribera del Duero, a los pies del castillo de Peñafiel, se encuentra una de las bodegas más emblemáticas del panorama vitivinícola español: Bodegas Protos, un destino imprescindible para quienes buscan experiencias enoturísticas con identidad y profundidad.


Fundada en 1927 por un grupo de hombres visionarios, Protos nació con una misión que ha marcado toda su trayectoria: “Ser primero” como actitud permanente de mejora y compromiso con la excelencia. Desde sus orígenes, la bodega supo escuchar al terruño, entender sus ritmos y apostar por una estrategia clara basada en la calidad como máxima prioridad. Prueba de ello fue la medalla de oro obtenida en la Exposición Universal de Barcelona de 1929, un reconocimiento temprano que consolidó el prestigio de sus vinos.


El enoturismo en Bodegas Protos es una experiencia inmersiva que combina historia, arquitectura, paisaje y vino. La visita a su bodega subterránea de crianza, con más de dos kilómetros de galerías excavadas bajo la montaña, permite descubrir uno de los secretos mejor guardados de la casa: el papel del tiempo y las condiciones naturales en la crianza de sus vinos. A este recorrido se suma la bodega contemporánea inaugurada en 2008, diseñada por el estudio de Richard Rogers, un icono arquitectónico que simboliza la apuesta de Protos por la innovación sin renunciar a sus raíces.


Las experiencias enoturísticas están cuidadosamente diseñadas para distintos perfiles de visitante. Desde visitas con catas comentadas de tres o cuatro vinos, hasta propuestas centradas en grandes vinos y ediciones especiales, todas ellas incluyen aperitivos y detalles que enriquecen la experiencia. Además, quienes desean completar la escapada pueden hacerlo en Ágora de Protos, el restaurante de la bodega, donde la cocina castellana y los productos de temporada se maridan con referencias emblemáticas de la casa.


Con presencia en varias denominaciones de origen y un prestigio internacional consolidado, Bodegas Protos es mucho más que una visita: es una escapada perfecta para empezar el año celebrando el origen, la tradición y el placer de viajar con calma y buen vino.





Bodegas Pandora

En el entorno sereno y luminoso de la Denominación de Origen Rueda, muy cerca del municipio de Rueda, Bodegas Pandora propone una forma diferente de empezar el año: descubriendo el vino a través de la experiencia, el conocimiento y la emoción.


Rodeada de viñedos y campo castellano, la bodega se integra de manera natural en el paisaje. Sus 2.000 metros cuadrados de instalaciones han sido concebidos para facilitar una elaboración precisa y flexible, siempre con el foco puesto en la máxima calidad. Pandora cuenta con nave de elaboración y embotellado totalmente aclimatada, laboratorio propio con tecnología avanzada, una sala de barricas acristalada y un elegante salón destinado a eventos y catas profesionales. Completa el conjunto un atractivo jardín ampelográfico con más de 20 variedades, ideal para comprender la diversidad vitícola que da forma a sus vinos.


En el ámbito enológico, Pandora apuesta por el trabajo minucioso parcela a parcela. Los depósitos de pequeño volumen y distintas capacidades permiten elaborar cada variedad por separado, ajustando las fermentaciones mediante sistemas de control térmico de doble y triple camisa. Destaca especialmente la crianza sobre lías, realizada tanto en barrica como en acero inoxidable, que aporta a los vinos mayor untuosidad, complejidad y estabilidad. A ello se suman dos singulares huevos de cerámica, donde la microoxigenación y el movimiento natural de las lías enriquecen la expresión final del vino.


El enoturismo es uno de los pilares de Bodegas Pandora. Sus experiencias están pensadas para vivir el vino de forma cercana y auténtica. “Descubre Pandora” ofrece un primer acercamiento a la bodega con cata de tres vinos. “La Caja de Pandora” amplía el recorrido hasta el viñedo, con cata en campo y maridaje de productos de kilómetro cero. Para quienes buscan una vivencia exclusiva, “Los Secretos de Pandora” conduce hasta la Finca Torreduero, en la Reserva Natural Riberas de Castronuño, con catas premium y propuestas gourmet.


Una escapada a Bodegas Pandora es, en definitiva, una invitación a comenzar el año escuchando al vino, entendiendo su origen y dejándose sorprender por todo lo que ocurre cuando se abre —con calma— la Caja de Pandora.




Bodegas Bernabeleva

A apenas 45 minutos de Madrid, existe un lugar donde el vino se entiende caminando, respirando el paisaje y escuchando la historia que cuentan las viñas. En San Martín de Valdeiglesias, a los pies del Cerro de Guisando, Bodegas Bernabeleva propone una escapada enológica ideal para comenzar el año con calma, autenticidad y conexión con la naturaleza.


La historia de Bernabeleva se remonta a 1923, cuando el doctor Vicente Álvarez-Villamil adquirió la finca que hoy da nombre a la bodega. Desde entonces, generación tras generación, se han cuidado con esmero las viejas cepas plantadas en este enclave singular, situado junto al arroyo del Tórtolas y en un territorio cargado de resonancias históricas. Ese respeto por el origen es hoy la base de una forma de entender el vino honesta, sensible y profundamente ligada al paisaje.


La filosofía de Bernabeleva se apoya en una viticultura respetuosa, sin etiquetas ni artificios. Sus 35 hectáreas de viñedo viejo, dominadas por la garnacha, conviven con variedades como albillo, moscatel de grano menudo o morenillo. Los suelos graníticos, pobres en nutrientes y de pH ácido, junto a altitudes que oscilan entre los 600 y 830 metros, imprimen a los vinos un carácter fresco, preciso y lleno de matices.


El enoturismo en Bodegas Bernabeleva es una experiencia íntima y personalizada. La mejor manera de comprender sus vinos es recorrer la finca, descubrir los distintos parajes, orientaciones y suelos, y entender cómo influyen en cada elaboración. Las visitas, siempre con cita previa, se adaptan a cada grupo para aprovechar al máximo el recorrido, combinando paseo por el viñedo, explicación del trabajo en campo y cata de vinos en la propia bodega, enclavada entre las viñas.


La elaboración sigue la misma lógica artesanal: vendimia manual por parcelas, vinificación por separado en tinos de madera, largas maceraciones y crianzas en barricas de roble francés ajustadas a las necesidades de cada vino. Todo ello pensado para preservar la identidad del viñedo y expresar con fidelidad el entorno.


Bodegas Bernabeleva es una escapada perfecta para quienes buscan empezar el año descubriendo vinos con alma, paisajes que hablan y una forma de hacer que invita a mirar despacio y saborear el origen.





Bodegas Cristo de la Vega

Cuando el paisaje se abre en llanuras infinitas y el vino forma parte de la vida cotidiana, el enoturismo se convierte en una experiencia auténtica y cercana. Así es la propuesta de Bodegas Cristo de la Vega, situada en Socuéllamos, en pleno corazón de La Mancha. A menos de dos horas de Madrid, esta bodega invita a comenzar el año descubriendo la esencia vitivinícola manchega desde dentro.


Bodegas Cristo de la Vega nació en 1955 como un proyecto cooperativo impulsado por 25 viticultores con una visión común: elaborar vinos honestos que reflejaran el carácter de su tierra y de las personas que la trabajan. Con el paso del tiempo, la bodega ha evolucionado hasta convertirse en un referente de la Denominación de Origen La Mancha, manteniendo intactos sus valores de origen y su fuerte vínculo con el territorio.


La experiencia enoturística comienza con un recorrido guiado por las instalaciones, donde el visitante conoce de primera mano todo el proceso de elaboración del vino. Desde la recepción de la uva hasta el embotellado, la visita permite descubrir el equilibrio entre tradición y modernidad, con fermentaciones en depósitos de acero inoxidable y una cuidada crianza en más de 1.200 barricas de roble americano, que aportan estructura y personalidad a los vinos de la casa.


El momento más esperado llega con la cata comentada en la sacristía, un espacio con encanto tradicional que envuelve al visitante en un ambiente cálido y auténtico. Aquí se degustan algunas de las referencias más emblemáticas de la bodega, como Yugo, Marqués de Castilla o La Vida Bohemia, acompañadas de explicaciones que ayudan a comprender el vino desde su origen hasta la copa, poniendo en valor el trabajo colectivo que hay detrás de cada etiqueta.


La visita, con una duración aproximada de 90 minutos, está pensada para todos los públicos y finaliza con un obsequio que permite prolongar la experiencia más allá de la bodega. Además, el compromiso de Cristo de la Vega con los viñedos ecológicos y las prácticas sostenibles refuerza su apuesta por un modelo respetuoso y de calidad.


Bodegas Cristo de la Vega es una escapada perfecta para empezar el año disfrutando del vino sin artificios, del paisaje manchego y de una tradición que se saborea en cada copa.




Pazo Baión

Hay escapadas que invitan a bajar el ritmo y dejarse envolver por la belleza del entorno. Empezar el año en Pazo Baión es una de ellas. Situada en el corazón de la Rías Baixas, esta finca centenaria es mucho más que una bodega: es un viaje a través de la historia, la arquitectura y la esencia del albariño gallego.


Visitar Pazo Baión supone adentrarse en una propiedad con siglos de memoria. Desde el siglo XVI, la finca ha pertenecido a distintas familias nobles —como los Sarmiento, los Figueroa o los Condes de Priegue— y hoy luce renovada gracias a una cuidada rehabilitación firmada por el arquitecto César Portela. El resultado es un espacio donde tradición y modernidad conviven con naturalidad, convertido en uno de los destinos de enoturismo más singulares de Galicia.


La experiencia comienza con un paseo por sus 22 hectáreas de viñedo de albariño, plantadas y trabajadas con mimo en un entorno privilegiado. El recorrido continúa por los elementos históricos del pazo, como la antigua vaquería, el palomar o las torres de estilo victoriano, que aportan carácter y singularidad a la visita. Cada rincón ayuda a comprender el vínculo entre el paisaje, la arquitectura y el vino.


Uno de los grandes atractivos de Pazo Baión es su variada oferta de experiencias enoturísticas. Desde el recorrido “Microuniverso Pazo Baión”, ideal como primera toma de contacto, hasta propuestas más completas como “El Alma de los Albariños” o “Vinos de Colección”, todas incluyen catas comentadas que permiten descubrir diferentes expresiones del albariño. En ellas se degustan vinos emblemáticos como Pazo Baión, Vides de Fontán o Gran a Gran, siempre acompañados de maridajes que realzan la experiencia.


Para quienes buscan una vivencia aún más exclusiva, la Cata del Enólogo ofrece la posibilidad de recorrer la finca guiados por el equipo técnico y elegir personalmente los vinos a degustar, convirtiendo la visita en un momento único y personalizado.

Más allá del vino, Pazo Baión destaca por su compromiso social, destinando parte de sus beneficios a programas de prevención y reinserción, un valor añadido que refuerza su identidad como proyecto integral y responsable.


Pazo Baión es una escapada perfecta para comenzar el año descubriendo el albariño desde su origen, rodeado de historia, paisaje y experiencias que se recuerdan mucho después del último brindis.




Tío Pepe

Pocas experiencias resultan tan envolventes como cruzar el umbral de una bodega histórica y sentir cómo el tiempo se detiene entre aromas de madera, vino y tradición. Comenzar el año con una escapada a Jerez de la Frontera es apostar por un viaje sensorial único, y hacerlo en Tío Pepe significa descubrir uno de los grandes iconos del enoturismo mundial.


Con más de 180 años de historia, Tío Pepe es mucho más que una bodega: es un auténtico conjunto monumental que permite al visitante viajar a los orígenes del vino de Jerez. Fundada en 1835 por Manuel María González Ángel, la casa rinde homenaje a su tío Pepe, quien le transmitió el conocimiento del arte jerezano. Desde entonces, la marca ha sabido preservar su legado hasta convertirse en una de las más reconocidas a nivel internacional, presente hoy en más de 115 países.


El recorrido por Tío Pepe es una inmersión total en la cultura del vino. Los visitantes pueden descubrir el complejo a bordo de un tren enoturístico que atraviesa jardines, viñedos y patios andaluces antes de adentrarse en las impresionantes salas de crianza. Estas naves centenarias, conocidas como catedrales del vino, impresionan por su altura, su penumbra y el silencio que envuelve las botas donde envejecen algunos de los vinos y brandies más prestigiosos del mundo.


Las experiencias enoturísticas incluyen catas guiadas que permiten explorar la riqueza y diversidad de los Vinos de Jerez, desde el emblemático Fino Tío Pepe hasta amontillados y olorosos de gran complejidad. La oferta se completa con visitas maridadas con productos locales, propuestas gastronómicas en el restaurante Pedro Nolasco y experiencias premium que profundizan en el sistema de criaderas y soleras, ofreciendo una visión completa del saber hacer jerezano.


Cada detalle, incluida la icónica botella vestida con sombrero y chaquetilla andaluza, refuerza la identidad de una bodega que ha sabido unir tradición y excelencia. Tío Pepe es una escapada ideal para empezar el año viviendo el enoturismo en su máxima expresión, en un entorno cargado de historia, emoción y vinos legendarios que dejan huella mucho después del último brindis.

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