Bodegas Portia: una escapada enoturística en plena Ribera del Duero
- Julián Acebes
- 24 jun
- 3 min de lectura

En la salida 171 de la A-1, a la altura de Gumiel de Izán, en Burgos, Bodegas Portia invita a hacer una pausa diferente entre Madrid y el norte de España. No es una parada cualquiera: es una forma de entrar en la Ribera del Duero a través del vino, la arquitectura, la gastronomía y el paisaje.
Inaugurada en 2010 y perteneciente a Familia Martínez Zabala, grupo vitivinícola familiar con más de 160 años de historia, Portia se ha consolidado como uno de los destinos de enoturismo más singulares de la zona. Su propuesta no consiste únicamente en visitar una bodega, sino en vivir una experiencia completa alrededor del vino. Recorrer sus espacios, entender cómo se elabora, aprender a catarlo, sentarse a la mesa y disfrutarlo en armonía con la cocina castellana forman parte de un mismo plan.
El edificio es una de las primeras razones para detenerse. Diseñado junto al estudio británico Foster & Partners, Portia sorprende por su forma de estrella de tres puntas y por una arquitectura que no se queda en lo visual. El diseño está pensado para acompañar el proceso de elaboración: la uva entra por la parte superior y el recorrido aprovecha la gravedad. Durante la vendimia, tractores y remolques cargados de uva circulan por su cubierta transitable, mientras que las salas de barricas y botellas, integradas en la ladera, mantienen una temperatura estable durante todo el año y favorecen la eficiencia energética.
Ese diálogo entre arquitectura y vino marca también el tono de sus visitas. Portia propone distintas experiencias para quienes quieren acercarse al universo vitivinícola de una manera entretenida y sensorial. Hay visitas guiadas, catas maridadas, actividades vinculadas a la vendimia y propuestas como el Duelo de Narices, una experiencia pensada para descubrir el vino a través del olfato y reconocer los aromas que aparecen en cada copa. El enoturismo aquí se plantea como algo cercano, participativo y abierto tanto a aficionados como a quienes desean iniciarse en el mundo del vino.
La visita se amplía con el arte contemporáneo. Actualmente, la bodega acoge una exposición del escultor madrileño Carlos Albert, cuyas obras conviven con los espacios de Portia y refuerzan esa idea de bodega como lugar de encuentro entre distintas disciplinas.
El otro gran motivo para reservar tiempo en Portia es Triennia Gastrobar, su restaurante. Con vistas privilegiadas y una propuesta basada en el producto, la cocina castellana y los vinos de la bodega, Triennia defiende el diálogo entre la nueva cocina y los sabores de siempre. En su carta aparecen platos ligados al territorio, como el lechazo asado al estilo de Aranda de Duero, junto a elaboraciones más actuales pensadas para compartir.
La bodega ofrece experiencias que aunan visita, cata y menú maridado, una fórmula perfecta para comprender cómo el vino crece cuando se encuentra con la gastronomía. Pero Triennia también funciona por sí solo: se puede parar a tomar un café, una copa de vino, unas tapas o comer sin necesidad de realizar la visita. Su ubicación junto a la A-1 lo convierte en una alternativa apetecible para quienes buscan una pausa menos convencional en carretera.
El 12 de agosto de 2026, Portia sumará otro atractivo: el eclipse solar total que podrá contemplarse en España. La bodega prepara una programación especial con observación del fenómeno, vino, gastronomía y experiencias exclusivas.
En Bodegas Portia, el vino se recorre, se huele, se mira y se saborea. Una parada imprescindible en Ribera del Duero para vivir el enoturismo más allá de lo convencional.
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