top of page

Armando Restaurante: el templo del escalope abre en la calle Carranza


Armando Restaurante apertura 2026 (Restaurantes) - GastroMadrid (1)

Hay platos que no necesitan presentación. No porque sean sofisticados, sino porque forman parte de la memoria colectiva. El escalope es uno de ellos: infancia, domingos en familia, bares de siempre. Un filete empanado bien hecho despierta algo inmediato y emocional. Ahora imaginemos ese recuerdo llevado al extremo. Más grande. Más crujiente. Más gozoso. Así nace el escalope Armando, y ahora, por fin, tiene casa propia en Madrid.


Ubicado en la calle Carranza 9, Armando no es un restaurante cualquiera. Es un lugar donde la felicidad se sirve empanada. Aquí no se aceptan reservas, una declaración de intenciones clara: se viene cuando apetece, con hambre y sin prisas. El local, con capacidad para unos 40 comensales, es acogedor y está pensado para compartir, disfrutar y repetir.


El escalope Armando es uno de esos platos que ya forman parte de la historia gastronómica madrileña. Nació en los años 70 casi por casualidad, cuando un cliente pidió un filete empanado gigante. Gustó tanto que se quedó para siempre en la carta y terminó convirtiéndose en un icono de la ciudad. Hoy es el corazón absoluto de este nuevo proyecto, un homenaje a lo sencillo bien hecho.


El escalope llega a la mesa recién frito, dorado y finísimo. Y ahí empieza el ritual. En Armando puede personalizarse con complementos tan inesperados como irresistibles: macarrones con chorizo, huevos a baja temperatura con trufa, queso raclette fundido, espinacas a la crema o steak tartar con huevo frito y piparras. Todo se prepara delante del comensal, convirtiendo un gesto cotidiano en una experiencia gastronómica diferente en Madrid.



Aunque el escalope es el rey indiscutible, la carta se completa con clásicos infalibles para compartir: croquetas de jamón, ensaladilla rusa con un toque de siracha, tortilla velazqueña, la divertida Sanjacoba burger o el bocata de albóndigas. Las guarniciones se sirven al centro, como manda la tradición: patatas Armando, pimientos fritos, pisto manchego, ensalada fresca o el siempre deseado huevo frito con puntilla.


El final dulce mira directamente a la infancia. El helado de leche fresca sirve de base para postres como la torrija caramelizada, el lemon pie con jengibre e hierbabuena, el flan chino con jalea de naranja o el mítico Drácula con fresas, pimienta rosa y coca-cola.


El interiorismo rinde homenaje a los años 70, con curvas, colores cálidos y una estética amable. En las paredes, la sonrisa de Armando —el cliente que lo inició todo— recuerda que este restaurante no va de modas ni de artificios.


En una ciudad llena de tendencias, Armando apuesta por la emoción: comer bien, comer mucho y comer juntos. Sin reservas, sin postureo y con un precio razonable. Armando no intenta sorprenderte. Lo consigue sin esfuerzo.


Comentarios


bottom of page