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¿San Valentín? Top restaurantes en Madrid para ser "infiel"


Angelita (San Valentín Madrid para ser infiel 2026) - GastroMadrid (1)

San Valentín llega cada febrero con la sutileza de un elefante en una cristalería. De repente, restaurantes que el resto del año funcionan con dignidad se rinden al menú clónico, la rosa obligatoria y el cava a temperatura de castigo. Todo envuelto en una atmósfera que no invita a conversar, sino a posar. Y Madrid, que sabe de amor lo justo y de comer bien lo necesario, merece algo mejor.


Porque aquí el romanticismo no se anuncia, se practica. Una barra cómoda, una mesa con luz amable, una acústica que permita hablar sin gritar confesiones y una carta flexible donde elegir según el humor —y el hambre— del momento. Sin violines. Sin corazones de purpurina. Sin sentir que estás participando en una experiencia patrocinada.


Así que sí: este San Valentín toca ser infiel. Infiel a lo previsible, a lo cursi y a lo forzado. Aquí va una ruta por restaurantes de Madrid donde la cita funciona precisamente porque no parece San Valentín, pero acaba siéndolo.



En Angelita todo conspira a favor: luz favorecedora, mesas bien separadas y una sensación de calma que invita a quedarse. Es ideal para primeras citas o parejas que no necesitan fuegos artificiales. Hay que pedir las croquetas y algún pase vegetal de temporada, y dejarse aconsejar con vino por copas, que aquí es religión. El ambiente acompaña sin empujar y el tiempo se estira solo.


Taberna Laredo es ese clásico madrileño donde todo funciona sin aspavientos. Servicio afinado, buena acústica y público que va a comer, no a celebrar aniversarios ajenos. La tortilla melosa sigue siendo un seguro de vida, igual que el carpaccio de gambas, con un blanco fresco. Es el lugar perfecto para una cita que quiere pasar desapercibida y acertar.


Si la cita pide barra y conversación, Casa Macareno es territorio neutral. Luz honesta, ambiente relajado y platos para compartir sin coreografía. Boquerones en vinagre, callos y un vermú bien frío. Funciona tanto para una primera cita como para una pareja que ya se ríe de todo y no necesita ceremonia.



Para quienes buscan algo actual sin histeria, Arima juega la carta de la cocina inteligente y un ambiente sereno que favorece la conversación. Alcachofas, platos de temporada y una bodega bien pensada convierten la cena en un plan tranquilo, curioso y muy poco empalagoso.


Si la idea es cena sin ruido emocional, Lakasa sigue siendo un valor seguro. Sala tranquila, servicio con oficio y cocina de producto sin artificios. Verduras, pescados del día y vinos que acompañan sin imponerse. Aquí el romanticismo está en poder hablar sin levantar la voz.


Cierra el plan La Buena Vida, donde el amor se sirve en platos honestos y sobremesas largas. Cocina de producto con acento madrileño, luz cálida y mesas que invitan a quedarse. Foie, guisos y una copa bien elegida. Manual anti-cursi final: evita los menús cerrados, confía en el vino por copas, alarga la sobremesa y sal caminando después. En Madrid, el mejor San Valentín siempre ocurre cuando nadie lo está celebrando oficialmente.

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