Gran Hotel Inglés, el hotel más antiguo de Madrid

Gran Hotel Inglés, el hotel más antiguo de Madrid

22.10.18 Mar Mateos

 

Puentes como el próximo de Todos los Santos, o el de la Constitución a primeros de diciembre, traen a Madrid a numerosos visitantes. El centro de la capital es tomado, literalmente, por cientos de turistas y en los últimos años son muchos los hoteles que han conseguido el lleno absoluto, especialmente en el casco histórico. Hoteles más pequeños, con un trato más personalizado y exclusivo, sin grandes aglomeraciones dentro, pero con todo el bullicio del Madrid canalla a su alrededor.

El rey de todos ellos, desde hace unos meses, es sin duda el Gran Hotel Inglés, en la calle Echegaray. Rodeado por el barrio de las Letras, la Plaza de Santa Ana y la zona neoclásica de la calle de Alcalá, tiene el honor de ser el hotel más antiguo de Madrid. Inaugurado el 17 de diciembre de 1886, sus habitaciones se alquilaban a siete pesetas y ya entonces contaba con ascensor, baño en cada piso, alumbrado y calefacción a vapor. Ha acogido, desde entonces, a políticos, artistas y toreros: fue residencia de Valle-Inclán y Virginia Woolf y en él celebró su boda Imperio Argentina.

Cinco años ha durado su completa restauración, -que ha costado 16 millones de euros- y que ha comandado el estudio neoyorquino Rockwell. El resultado: un cinco estrellas gran lujo, con más empleados que habitaciones. El hotel ha pasado de 72, a 48; la más pequeña de 27 metros cuadrados, la mayor, la Suite Real, 127 metros, con dos dormitorios independientes, amplias zonas de estar, comedor para varios comensales, servicio de mayordomía disponible bajo petición, y 2 bañeras exentas al estilo de los años 20.

La oferta gastro del hotel se llama Lobo 8, -en honor al antiguo nombre de la calle Echegaray-, un restaurante con cocina vista y al que se puede acceder desde el exterior. Al mando se encuentra Willy Molla, propietario de Poncio Triana en Sevilla y chef en el Hotel Alfonso XIII en la misma ciudad y en Cantinery de Estambul. Molla se ha inspirado en los platos que se podían comer en el hotel a finales del XIX y principios del XX, -como huevos rotos con prueba de matanza, carrillera ibérica al oloroso o judiones con cigala y panceta adobada-, y los ha transformado en auténtica cocina de autor. El chef comanda también LobByto, un espacio en el gran hall del hotel donde tomar una tapa o un cóctel mientras se escucha el mejor jazz.

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